Inteligencia emocional: la clave es no ahogar la emoción

18/04/2013

La emoción es una energía que pugna por salir. Sofocar o ignorar esta energía es perjudicial para las relaciones y para la salud. Lejos de ello, debemos aprovecharla y encauzarla de la mejor forma.

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Durante mucho tiempo se desvalorizó el mundo emocional. Primaba la concepción de que las emociones eran cosa de mujeres, de enamorados o de inmaduros. Algo molesto que había que suprimir y controlar, porque de alguna manera podía menoscabar nuestras virtudes intelectuales y racionales.

No es extraño que muchos hayamos crecido reprimiendo emociones, y perdiéndonos de una gran fuente de energía y riqueza. Se separaba la inteligencia de las emociones, como si fuera posible dejarlas en casa cada mañana. A nivel empresarial se ignoraba o se relativizaba la influencia del mundo emocional, dejando todo librado a la preparación académica y a la destreza técnica o profesional.

Fue Daniel Goleman el primero en presentar el término a un público amplio en su libro “Inteligencia emocional” 1995. También fue el primero en aplicar este concepto a los negocios. De acuerdo a sus investigaciones pudo constatar que si bien las cualidades asociadas tradicionalmente al liderazgo (coeficiente intelectual, preparación, determinación, visión, etc.) son necesarias para el éxito, las mismas no son suficientes.

En su estudio analiza cuáles son las fallas en los líderes que resultan infectivos en la empresa. Curiosamente las carencias más comunes se encuentran en la flexibilidad, en el autocontrol y en la capacidad para establecer vínculos personales. Estas falencias indican un escaso desarrollo de la inteligencia emocional que se define como la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar nuestros propios estados anímicos y los ajenos. No implica ahogar las emociones sino dirigirlas y equilibrarlas.

En un mundo globalizado y competitivo no es difícil entender que el trabajo en equipo, la creatividad, la motivación y las habilidades sociales pasen a ser prácticamente indispensables en los altos mandos.

Lamentablemente algunos temas trascendentes solo se vuelven importantes cuando pesan en la competitividad laboral. Pero esto no quiere decir que la inteligencia emocional no sea un factor absolutamente decisivo en el desarrollo humano. Algo que se puede aprender y estimular, y cuyas habilidades vuelven la vida más fácil y productiva.

La emoción es una energía que pugna por salir. Sofocar o ignorar esta energía es perjudicial para las relaciones y para la salud. Lejos de ello, debemos aprovecharla y encauzarla de la mejor forma, y en nuestro propio beneficio. Porque la inteligencia emocional es justamente esto: sacar provecho de nuestras emociones y de las de los demás.

Por Rosina Vera, Coach Ontológico Profesional

rosinavera52@gmail.com

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