Tierra, ilusión y frutos

1/06/2013

Huerta, viñedo o pequeña florería son apenas algunas de las opciones preferidas por quienes se animan a una actividad que vuelve a niveles más micro, con proveedores especializados: la de plantar lo propio

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Elegir un ramo de flores o cultivar la huerta propia puede traer varias satisfacciones. Disfrutar de los colores, los aromas y las texturas es parte de un proceso que se extiende desde las primeras civilizaciones pero que se renueva acorde a la tendencia del cultivo propio y del consumo personal y más casero. El mercado de los cultivos propone opciones diferentes todo el año, según la motivación.

Para todo el año

El día de la madre o San Valentín son fechas clásicas a la hora de elegir o regalar flores. Sin embargo, hay quienes aseguran que se puede obsequiar un ramo distinto cada semana, durante todo el año.

Por ejemplo, Gabriela y Mariana Curbelo están instaladas hace cuatro meses sobre la calle Arocena. Ellas crearon Picnic! pensando más en una tienda-boutique que en una florería. La idea era integrar la moda con algo más sensorial. Por eso, junto al local de Magma en Carrasco, las diseñadoras instalaron un pequeño y acogedor local de flores donde además de bouquets, ofrecen un mercadito de plantas.

“Hace 15 años que estamos en esto, empezamos trabajando en la empresa familiar y luego nos independizamos para tratar de buscar otro nicho de mercado”, cuenta Curbelo. Lo primero para ellas fue relacionar el diseño floral con las tiendas de indumentaria integrándose a las campañas publicitarias que buscaran un sello personal. Después, el equipo se enfocó al trabajo con las empresas ofreciendo la posibilidad de obsequiar a sus empleados ramos personalizados, adaptados a la persona y la ocasión.

Hoy, la propuesta abarca no solo a estos dos sectores, sino también al público en general a través del trabajo en la tienda. El objetivo es acercarse a la gente joven y menor de 40 años que comenzó a regalar flores los 14 de febrero.

“Picnic! tiene que ver con algo alegre, simpático pero también nostálgico”, menciona Curbelo. “La idea fue potenciar el tema del diseño e indagar con proveedores nuevos para ofrecer productos que no están en todos lados”.

En las próximas semanas, Picnic! piensa incorporar un sector de dulces  y nuevos accesorios de papelería para combinar con los arreglos.

Además, y más cercano a la primavera y el verano, las diseñadores ofrecerán minicursos y talleres para preparar huertas y arreglos en pasos rápidos y sencillos.

“Tratamos de integrar”, aclara. “No es ‘compro y me voy’. Es algo especial”.

Cajones con sorpresas

Pablo Scarone, Santiago Medina y Masaki Kajihara trabajan juntos en Huertas del Este desde hace ocho años.

Ingenieros agrónomos, diseñan, construyen y asesoran espacios verdes que abarcan desde pequeñas huertas o jardines, hasta parques y viñedos.

El primer paso del proceso creativo supone la construcción de un proyecto a la medida del cliente y del ambiente.

“Todo esto es una experiencia que genera una gran ilusión”, señala el equipo.
“Luego llega el momento de transformar esa ilusión en realidad y es cuando se ejecuta la obra. El resultado es algo dinámico que va evolucionando con el tiempo y ofrece a quien lo arma paisaje, vinos, flores u hortalizas”, explican.

En ocasiones, los interesados tienen claro lo que pretenden obtener. En otras, se trata de descubrir qué es lo que resulta más sustentable, ya no solo en lo biológico sino también teniendo en cuenta quién va a cuidar del proyecto, cuánto tiempo va a dedicar y cuánto dinero pretende invertir.

Por lo general, el público masculino se interesa por los viñedos, mientras que las mujeres prefieren las huertas de hortalizas y flores. Para los integrantes del equipo, quienes más disfrutan de estos espacios son los adultos mayores y los niños.

El tiempo de trabajo es otro punto en cuestión. Una huerta a partir de mesas de cultivo en una terraza puede llevar un día, pero un viñedo puede requerir  hasta un año.
Un proyecto sencillo, de cuatro canteros de verduras, por ejemplo, puede mantenerse con dos horas semanales.

“Lo que tiene más demanda son los cajones con vegetales”, explican.

“Tienen más ventajas los aromáticos que otros como lechuga, rúcula o tomate”. La distribución de los cultivos en el cajón se planifica además por estética y cuestiones biológicas como las rotaciones en el tiempo y los espacios para conservar la tierra sin problemas de plagas y enfermedades.

El objetivo final es que el lugar se convierta en algo más que un sitio donde se producen alimentos o una zona de decoración.

“Se trata de establecer  un vínculo con la naturaleza, un lugar donde se pueden ver crecer los vegetales y una instancia para compartir con los amigos y la familia”, concluyen los expertos.

Por Camila Pírez. Lee la noticia en El Observador haciendo click aquí.

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