Cuatro cosas que debemos aprender de los bebés

15/07/2013

Desde que nacen les enseñamos de todo, pero deberíamos aprender de ellos mucho más

bebe_1359928850

por María Orfila

Periodista de actualidad de El Observador y Mamá

Desde que nacen les enseñamos a prenderse del pecho y después a comer, a dormir toda la noche, a pararse, a gatear y a caminar. Pero ver cómo crece Federica me hizo reflexionar de todo lo que deberíamos aprender de ellos:

Los bebés expresan sus verdaderos sentimientos. Si les caés en gracia, te devuelven la sonrisa. Si no, te miran con seriedad, o te sacan la cara, o se largan a llorar. Aunque sea un familiar. Son sentimientos genuinos. Lo mismo con la comida. Si no les gusta ese puré de zapallitos no se lo comerán, o directamente, terminará el suelo, o en tu cabeza. Si están felices, lo sabés. Si están tristes, lo sabés. Si se enojan contigo, lo sabés. Federica se enoja cuando no la dejamos tocar el router. Arma flor de escandalete. A los cinco minutos se olvida y te abraza como si nada hubiera pasado. Los bebés no se guardan ningún rencor.

Los bebés se caen y se levantan. ¿Cuándo fue la última vez que dejaste de hacer algo porque sabías que te ibas a ganar un moretón? Los adultos renunciamos a muchas cosas por miedo. Federica está intentando caminar sin ayuda por lo que ya se ha llevado más de un golpe. ¿Creen que deja de intentarlo? Se levanta y sigue. Gatea, camina agarrada del sillón, trata de escalar los almohadones. Cada intento la hace un poco más independiente. Se cae y se vuelve a levantar. No prefiere la comodidad. Los bebés son perseverantes. Y, por si fuera poco, aprenden de sus errores.

Los bebés son curiosos. Federica es chusma. O por lo menos así lo vemos su padre y yo. Siempre está atenta a las conversaciones de los extraños en la placita o en el ómnibus. Saluda a todo aquel que la salude. Los bebés están abiertos a nuevas experiencias y a nuevos amigos. No se dejan llevar por prejuicios. No digo que haya que hablar con todos los extraños −así enseñan las madres−, pero en alguna vuelta de la vida perdemos la sociabilidad que traemos por naturaleza.

Los bebés ven todo por primera vez. La capacidad de asombro de los bebés no tiene límites. Sea lo que sea. Un pasto, un perro, el arbolito de Navidad, el cierre de la mochila. Todo es nuevo. Todo es una maravilla para tocar, oler y comer. Todo merece su tiempo de contemplación. Los bebés nos enseñan que, si estamos siempre corriendo, no veremos la hoja que cae del árbol. Ni la fantástica reacción de ellos. Los bebés viven el momento.

Pero quizás la principal lección que debemos aprender de los bebés sea ésta: que la vida es un milagro.

Por María de los Ángeles Orfila

@orfilamaria

 

Comenta esta noticia

comentarios

Powered by Facebook Comments