La tercera silla para siempre

5/12/2013

Es necesario que el papá se involucre con el bebé aún antes de nacer.
Esto va a impulsarlo a acompañar el embarazo, a ayudar y suplir las necesidades de mamá.

silla

por María Orfila

Periodista de actualidad de El Observador y Mamá

Por María Lourdes González Bernardi, especial para Baby ¡Boom!*

Hace unos meses compartía en Baby ¡Boom! unos comentarios desde mi lugar de ginecóloga acerca de la consulta médica durante el embarazo que, en ocasiones, la presencia del papá interfería en la relación clínica con la mamá embarazada.

En la consulta ya no eran dos pacientes (la mamá y el pequeño), sino que se sumaba el papá, por lo tanto eran tres… una multitud adentro del consultorio.

Opiné que, en general, la figura paterna era “medio molesta”, preguntaba mucho y avasallaba a la mamá. Y entonces decidí sacar la silla… y busqué argumentos para convencerme.

Los estereotipos de paternidad en la sociedad actual separan los papeles masculinos y femeninos de forma rígida. En la mujer transcurre el  embarazo, lo vive, siente mover al niño y crece su vientre y esto puede llevar a que el futuro padre se sienta alejado, indiferente en esa relación de a dos.

No me convenció mucho ese alejamiento inicial del padre. Luego exigimos su presencia, su atención y su cariño. Y pensé: el momento de la llegada de un hijo es único. Es tan importante para la madre como para el padre desde la concepción. Desde el “soñar” con ese bebé, el hombre está desarrollando el “paternaje”: esa maravillosa mezcla de afectividad y racionalidad. Desde el momento en que se enteran que van a ser padres, es necesario que se involucren de lleno en la experiencia del embarazo y más adelante, del parto.

Todo eso prepara el “nido” para una crianza compartida.

Es cierto, el padre no está preparado ni biológica ni psicológicamente para este proceso; sin embargo, la mejor receta es el diálogo y el amor y son muy importantes las experiencias que vivieron como hijos. Sin dudas que padres cariñosos y comprometidos, no autoritarios pero firmes, son el mejor ejemplo a seguir.

La mujer atraviesa diversos cambios emocionales y físicos producidos por el embarazo que su pareja no ha experimentado. Por eso es bien importante y necesario que la mujer involucre al papá y le explique cómo se siente, hablar sobre la nueva responsabilidad que tienen en sus manos, nada más ni nada menos que un hija/o en brazos.

Ahora me convencí que es necesario que el papá se involucre con el bebé aún antes de nacer. Esto va a impulsarlo a acompañar el embarazo, a ayudar y suplir las necesidades de mamá.

De ahora en adelante será una relación entre tres personas, que luego serán más con la llegada de más niños a la familia. Es necesario hacerle sentir a la criatura que es querida desde el útero materno.

Para facilitar dicho proceso, y desde mi lugar de ginecóloga, se me ocurre que el papá podría:

● Acompañar a mamá al ginecólogo o partera para compartir el progreso del embarazo, entender los síntomas y los cambios físicos que están ocurriendo en la mujer. Escuchar los latidos, ver la ecografía, ponerle nombre si se sabe el sexo del bebé.

● Leer libros y mirar videos juntos. Cuestionarse estilos de crianza, no esperar a que nazca el pequeño para definir quien se levanta si llora de noche, como se distribuyen las tareas del hogar.

● Compartir desde ya las tareas del hogar si aún no lo hacen. Afortunadamente cada vez son más las parejas que comparten tareas y responsabilidades.

● Sacarse fotos juntos para construir y solidificar el ideal de familia, y para que luego los hijos vean que ya sus padres estaban contentos e ilusionados con su llegada.

● Compartir los preparativos para la llegada del bebé, comprar la ropita y
arreglar el cuarto del bebé juntos por ejemplo. Y ahora con la moda del Baby Shower, tal vez que se animan a participar.

● Concurrir a las clases preparatorias para el parto en lo posible, para que conozcan todo el proceso, lo que puede suceder y que no, de que manera se puede colaborar pero, por sobre todo, ser responsable, es decir “dar respuesta” a ese niño que soñaron.

Sí, es cierto, modifiqué mi postura inicial, será mi próxima abuelez, será que cada vez atiendo más madres adolescentes y madres solas, lo cierto es que puse la silla de nuevo en mi consultorio, pero ahora para quedarse siempre.

Queridos papás, sean bienvenidos.

 

* María Lourdes González Bernardi es médica ginecóloga.

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