Enfrentando nuestros miedos

12/03/2014

Si lográramos darnos cuenta que el miedo no es el problema, lo usaríamos a nuestro favor.

flickr.com/photos/mundodisonante/3033432072
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Por María José Zorrilla

Miedo a todo. Miedo a quedarme sola, miedo a quedarme sin plata, sin casa, sin trabajo, sin amigos, sin familia. Miedo a que no me acepten, a que no les guste, a que no me aprueben. Miedo a ser herida, miedo a equivocarme. Miedo a la inseguridad, miedo a que me roben, miedo a andar en auto, miedo al avión, miedo al agua. Miedo a envejecer, miedo a enfermarme, miedo a morirme, a que no me quieran… Miedo a que me quieran, miedo a ser feliz, miedo a ser exitosa, miedo a sobresalir, miedo a vivir, miedo a poder… Qué paradoja la de temer lo que muchas veces uno más desea.

¿Qué es el miedo? Fuimos educados en el miedo: el hombre de la bolsa, caperucita roja y el lobo, la bruja, el infierno, los reyes magos solo te traían regalos si te portabas bien. De más grandes sólo tenemos que mirar el noticiero para confirmar nuestros peores miedos: los asaltos, la droga, la guerrilla, las guerras,  la mentira,  la hipocresía. Pareciera como si la maldad  se tornara cada vez más sofisticada y más común.

Según Norberto Levy, médico psicoterapeuta argentino, autor del libro “La Sabiduría de las Emociones”, el miedo es la sensación de angustia que se produce ante la percepción de una amenaza. Es una valiosísima señal que nos indica que no contamos con los recursos suficientes para enfrentarnos a ella. Si lográramos darnos cuenta que el miedo no es el problema, sólo una alerta que nos da información valiosa para poder enfrentar ciertas situaciones, usaríamos el miedo a nuestro favor. El  miedo a que me vaya mal en un examen debería ponerme en acción para estudiar más o repasar todos los temas o poner atención en tal o cual materia. El miedo a la inseguridad debería alertarme de no salir sola por la noche ni exponerme a una situación de peligro innecesariamente. El miedo a enfermarme debería ayudarme a comer más sano y estar atenta a descansar cuando mi cuerpo lo requiera y así con todos los miedos.

¿Qué pasa cuando el miedo me paraliza, me bloquea, me impide avanzar, cumplir mis metas? No solamente tengo miedo sino que me enfurezco conmigo misma por mi reacción ante el miedo. Habrá que analizar todas las situaciones y las personas. Existirán tantas situaciones como personas distintas por lo tanto muchas veces será necesario pedir ayuda, ya que en muchos casos se instala una fobia o una conducta evitativa que requiere de una ayuda psicoterapéutica. La idea central, nuestro objetivo primordial en esa situación será poder lograr transformar un miedo disfuncional en uno funcional. Lograr escuchar los miedos, poder resignificarlos como nuestro sistema de alarma que nos protege y convertirlos en una herramienta productiva para nuestra vida.

El miedo es una emoción universal. Todos lo sentimos. La base del miedo es el miedo a la muerte. La conciencia de nuestra finitud nos aterra. Necesitamos un cierto apego a la vida para poder desplegarnos y cumplir con nuestra misión en la vida. El miedo a morir es el miedo primordial. Todos sabemos que esto es inevitable, tarde o temprano sucederá, pero nos cuesta aceptarlo como parte de la vida. Sin embargo también experimentamos los opuestos: por ejemplo el miedo a vivir, que se asocia con el miedo al futuro, a lo desconocido, a lo incierto.

Y por último “el miedo a poder”. En una cultura donde se nos muestra como felicidad un exitismo inalcanzable, la sensación que nace en mí es “yo no puedo, esto no es para mí”. Nelson Mandela expresó esta idea en su discurso de asunción presidencial en 1994. “No es el estar confrontados a nuestra mediocridad o nuestras insuficiencias lo que más tememos. Por el contrario. Nuestro temor más profundo es medir toda la extensión de nuestro poder. Es nuestra luz lo que más da miedo y no nuestra oscuridad… Cuando dejamos que nuestra propia luz resplandezca, sin saberlo, damos permiso a los demás para hacer lo mismo y cuando nos liberamos de nuestros propios miedos, nuestra presencia libera automáticamente a los demás de los suyos”.

Clr. María José Zorrilla

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