La familia moderna necesita ayuda pero más que nada justicia

19/03/2014

Las “salas de ordeñe” no son suficientes; para formar y sostener una familia con hijos se necesita trabajo y paz.

flickr.com/photos/70554893@N00/
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por María Orfila

Periodista de actualidad de El Observador y Mamá

Por Dra. María Lourdes González Bernardi, especial para Baby ¡Boom!*

Lamentablemente, no todas las mujeres pueden elegir ser madres cuando ellas lo desean. Ni los hombres ser padres. En ocasiones, la necesidad de aportar un sueldo al hogar, culminar estudios, atender a la familia, es la que obliga a la espera; pero más a menudo son las creencias, ya arraigadas en el colectivo inconsciente, las que hacen retrasar la maternidad/paternidad o, sencillamente, no entregarse a ella con todo su ser y sin reparos, ni temores.

Soy ginecóloga, por lo tanto, mi paciente destinataria inicial es la mujer, y en general, está  vinculada y acompañada por su pareja.

Analizo especialmente la condición de la mujer trabajadora y reflexiono que en el pasado, incluso considerando la dureza de la vida, existía un cierto equilibrio entre la maternidad y el trabajo. La misma sociedad ayudaba a la armonía cuando la mujer estaba embarazada o con un niño recién nacido. El mismo entorno social, familiares, vecinas y amigas la ayudaban, cuidaban de los niños, acercaban alimentos y hasta mimaban y protegían a la novel madre y apoyaban al padre en la tarea.

Recuerdo con nostalgia a la abuela de mi marido decir que ella pasaba acostada una semana después del parto “por eso de las pérdidas, ¿no?” y “además tomaba Malta” para recuperarse del parto. En otra ocasión, le tocaría a ella atender y ayudar a otra mujer en su situación.

La mujer dedicaba mucho tiempo para los hijos y el hogar y con gran esfuerzo lograba avanzar profesionalmente.

Es cierto que, en situaciones de pobreza y con la dureza de la vida de antaño, la mujer se veía obligada a rendir mucho. Los tiempos han cambiado, las exigencias del mundo laboral también, pero desde siempre la mujer ha intentado compatibilizar el trabajo y la familia con sus metas personales.

Los gobiernos y la sociedad deben ayudar y apoyar a la mujer a que encuentre la armonía entre su maternidad, la familia y el trabajo. La sociedad debe insistir en el rol del hombre, que se haga cargo de su paternidad desde el primer momento. Celebro mucho que este blog convoque a los papás, que se involucren, y que sientan que la maternidad/paternidad, es decir, la crianza de los hijos es cosa de dos y, más aún, de toda la familia.

Es el tiempo de revalorizar a las parejas comunes y a la vez extraordinarias: a aquellas que optan por dedicar su vida a su familia, al trabajo dignificante tanto para el hombre como para la mujer. A la igualdad de género.

Es tiempo de valorizar a aquellas personas que trabajan para llevar el sustento a sus hogares, de revalorizar a las mujeres y hombres que aportan su grano de arena para transformar la sociedad y hacerla más humana y justa, a aquellas parejas que deciden dar la vida para seguir sus ilusiones, a aquellas que aceptan y reciben con alegría la llegada de sus hijos, a aquellas que estudian para labrarse un futuro, a las abuelas y abuelos que siguen dando su vida para ayudar a criar sus nietos, que no tienen donde ir cuando sus padres están en el trabajo.

Porque es tiempo en que la sociedad (y el gobierno sobre todo) caiga en la cuenta que abrir  “salas de ordeñe” en las empresas, mal llamadas de lactancia, no es suficiente. Para formar y sostener una familia con hijos se necesita trabajo y paz. Es tiempo de terminar con falsas promesas de licencias ampliadas, con las salas de ordeñe; el Estado debe hacer justicia y ser coherente con su prédica de equidad.

Mientras tanto, quienes atendemos a las embarazadas (ginecólogos y parteras)  seguimos admirándonos, de como a pesar de tanta adversidad, las mujeres y los hombres se “lanzan” a tener hijos, y los reciben con ilusión y  amor.

Desde mi profesión, no dejo de agradecer por ser partícipe de la llegada de una criaturita humana.

* María Lourdes González Bernardi es médica ginecóloga. Espera a su primera nieta, Francisca.

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