Antídotos contra el perfeccionismo

15/04/2014

Lo perfecto no solo es enemigo de lo bueno, es enemigo de todos.

El Artista, Os Gemeos
El Artista, Os Gemeos

por Maru Karlen

Profesora de yoga, consultora de empresas, creadora del proyecto Santosha Yoga Uruguay.

Al terminar el instructorado de yoga mi maestro me dijo ‘ahora tu único compromiso debe ser practicar yoga cada día de tu vida’. Recibí esas palabras en un sentido muy acotado, entendiendo que debería hacer al menos una hora de posturas al día pase lo que pase.

Por unas semanas cumplí el mandato pero no tardé mucho en tener el primer ‘quiebre’, con la correspondiente culpa y frustración que pueden imaginar; además de un diálogo interno bastante hostil.

¿Cómo es posible que no encuentre una hora al día para practicar? Dejo de hacer las cosas que me hacen bien ¿acaso soy tonta? ¿Pretendo enseñar yoga y ni siquiera me puedo comprometer con mi práctica diaria? Me hice estas preguntas entre otras, que mi otra Maru, la imperfecta, no pudo responder. Ella solo podía callar y bajar la vista avergonzada.

Un par de días después cuando esa lucha interna se aplacó y volví al mat, lo hice con otra actitud. Sin una secuencia exacta de las posturas que haría ni un reloj que me marcara el tiempo, simplemente conectando con lo que necesitaba cada día, a veces eran solo un par de posturas, a veces leía algunos textos de yoga, a veces escuchaba un mantra y otras veces solo respiraba por unos minutos allí. Recién ahí empecé a entender lo que me había querido decir mi maestro.

No era necesariamente hacer posturas, sino vivir de acuerdo al yoga, sin dañar, con la verdad, con alegría, dando lo mejor que tenemos en cada momento. Sin olvidar que a veces lo mejor que podemos hacer ese día es reposar cinco minutos en savasana.

Es tal nuestra ilusión de perfección y auto exigencia, que antes siquiera de preguntarnos qué deseamos o qué necesitamos, trazamos un plan (en general difícil de cumplir) que debemos respetar sin excusas, pues de lo contrario estaremos fallando. Suena cruel, pero muchas veces ese es el juego que jugamos sin darnos cuenta.

Por eso cuando empezamos a decir con demasiada frecuencia ‘tengo que’, ‘debería’, ‘tendría que, y otras, es bueno echar mano a alguno de estos antídotos:

1. Flexibilidad

Fluir con el entorno, si tenemos algo pautado y repentinamente todo cambia, ser flexibles para cambiar nosotros también.

2. Aceptación

Aceptar nuestros errores y todo aquello que quizás ni lleguemos a aprender en esta vida.

3. Risas

Reír de nosotros mismos, de nuestras contradicciones y limitaciones; es como el nivel experto de la aceptación. La risa sana y hace cualquier viaje más ligero.

4. Regalos

Mimarnos un rato cada día: un baño relajante, un masaje, un chocolate, un paseo sin rumbo. Algo tan ínfimo puede restablecer la conexión amorosa con nosotros mismos.

5. Tiempo

Necesitamos tiempo para tomar conciencia y disfrutar; si corremos de un lugar a otro y de una actividad a la siguiente, difícilmente podamos saborear la vida como ella y nosotros merecemos.

 

Maru Karlen

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