Los hijos no obeceden, imitan

25/04/2014

La imitación no solo tiene su lado divertido y cómplice, les ofrece la oportunidad de practicar y de dominar nuevas experiencia.

elobservador.com.uy/babyboom
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por María Orfila

Periodista de actualidad de El Observador y Mamá

Por María Vigo, especial para Baby ¡Boom!*

Julia llegó a casa, se sacó el uniforme del jardín, los zapatos y ayudada se puso las pantuflas de color violeta con cara de perro. Cuando se disponía con sus muñecos a jugar en el sillón del escritorio miró fijo al padre y le dijo “papá, acá no se puede jugar, esto es un relajo” haciendo referencia al desorden de papeles, libros, cds y demás elementos que estaban desparramados en el lugar.

A menudo los hijos se nos parecen,

y así nos dan la primera satisfacción;

ésos que se menean con nuestros gestos,

echando mano a cuanto hay a su alrededor.

Esto cantaba Serrat sin imaginarse que Julia, que además se mueve al son de la murga como su padre, un día le dice “no te comas las uñas” imitando a su madre en el rezongo.

Esta imitación natural me hace ser cada día mejor persona: no decir malas palabras, tener “buenos” hábitos, ser respetuosa, apagar la tele mientras comemos, jugar y ordenar cuando corresponda. A veces me sale, y otras no tanto, pero me gusta y creo que vale la pena intentarlo.

El padre entró a la casa con un paquete grande y empezó a desenvolverlo. Antes de ver de qué se trataba Julia gritó “ay qué divino! Muchas gracias papi por el regalo!”. La imitación de frases, movimientos y expresiones en su cara se hizo evidente, a pesar de que el contenido del paquete era una baranda para que no se cayera de la cama.

Pero la imitación no solo tiene su lado divertido y cómplice. La imitación, por lo que he leído, es parte de su aprendizaje y tiene que ver con lo social. La imitación le ofrece a Julia, y al resto de los niños, la oportunidad de practicar y de dominar nuevas experiencias. Y es por esto que la interacción con sus pares en el jardín, con sus padres en la casa y con el resto de la gente que los rodea tiene su importancia. Es por esto que muchas veces pienso y creo que ser mamá me hace mejor persona si me propongo ser mejor para que Julia me supere en todo ampliamente.

Nada ni nadie puede impedir que sufran,

que las agujas avancen en el reloj,

que decidan por ellos, que se equivoquen,

que crezcan y que un día

nos digan adiós.

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