Las discusiones de pareja y sus múltiples caras

17/09/2014

¿Por qué la persona que había sido poseedor de tus mejores elogios ahora es tu mejor aliado para discutir?, ¿qué pasa cuando discuten?, ¿en qué lugar te ubicás?

flickr.com/photos/mcaven/
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En una pareja, dos sujetos con realidades e historias diferentes están intentando construir un vínculo único, respetando las diferencias pero aunándose con un objetivo común. Muy fácil de comprender en teoría, pero ¡bastante más complejo de implementar en la práctica!

Son múltiples las posibles causas de las interminables y cotidianas discusiones con la pareja, pero hay patrones comunes que es conveniente tener en cuenta.

Escalada asimétrica

“Cada vez discutimos peor, y es más doloroso”. Si esto te suena familiar, posiblemente estén atravesando lo que se denomina “escalada asimétrica”.

¿A qué se refiere? Esto sucede cuando las discusiones se hacen cada vez mayores y más dolorosas, aunque se hayan desencadenado por pequeñas situaciones cotidianas.

Lo más interesante es que generalmente ambos están de acuerdo en la problemática central, pero tienen diferentes teorías sobre las causas del problema, quizás las dos verídicas, quizás no. Lo cierto es que cada uno verá el conflicto desde su óptica, incompatible con la de su pareja.

Por eso, ambos deben tener en cuenta que la pareja es un sistema, retroalimentado; que funciona en forma circular, nunca lineal. Por ende, no intentes encontrar el punto de inicio ni de fin a tus discusiones.

Hablar o no hablar, esa es la cuestión

Es importante que sepas que siempre estás comunicando, aunque decidas no hablar. Con tu mirada, tus gestos, tus movimientos; estás comunicando, a pesar de no hacerlo verbalmente.

Comunicarte, de la manera que elijas, te permitirá abrirte al vínculo con tu pareja, intentando darle a conocer tu mundo, para conocer el suyo.

Pero si decidís callar, silenciarte y no expresar lo que sentís, cuidado. Das lugar a la libre interpretación de tu pareja acerca de lo que querés, sentís y deseás.

No es malo discutir

No es malo discutir, hay parejas que nunca lo hacen, y eso tampoco es bueno.

El diálogo y el intercambio de ideas son muy beneficiosos en una pareja. Cuando discuten, reconocen en el otro a un interlocutor válido.

Pero cuando las discusiones son cotidianas, se vuelven desgastantes, y repercuten en tu pareja negativamente. En ese caso sí deberás estar alerta y atenta.

¿Qué hacer?

- Expresar tus sentimientos, negativos y positivos, pero será importante que elijas aquellos que creas necesarios compartir con tu pareja. De lo contrario, buscá a otra persona para expresar lo que sentís, tendrás otra visión sobre el tema y evitarás el desgaste de tu pareja.

- Si sos una mujer impulsiva, pensá varias veces antes de hablar, evitando decir cosas de las que luego puedas arrepentirte.

- Evitá los supuestos, intentá hablar y pedir explicaciones cuando lo creas necesario. A pesar de que conozcas mucho a tu pareja, no intentes pensar como él piensa, simplemente pedí que te explique lo que siente, no preveas sus actitudes. Ese es un gran error, en cualquier vínculo.

- Es necesario que intentes prestar atención y mostrar interés por lo que dice tu pareja, esto fortalecerá el vínculo.

- “Deberías hacer…”, “Deberías ser…” no son frases recomendables. Intentá llegar a un consenso, con tus aspiraciones y las de tu pareja; deben aprender a aceptarse, sin la intención de cambiar la esencia de ninguno de los dos. Establece un pacto de no agresión con tu pareja, y propónganse no romperlo.

- No evadan el conflicto, esto agrandará el problema en el futuro.

- Procuren el respeto mutuo, ambos deben exigirlo del otro.

- Evitá dramatizar las situaciones que no lo ameriten.

- Las ironías no son buenas estrategias, entorpecerán la comunicación.

- Intentá que tus discusiones sean en buenos términos; el mal humor, el llanto, y los gritos empeorarán la situación.

- Busquen acuerdos: ofrecé una solución siempre que puedas, así tu pareja tendrá un punto de partida sobre el que “negociar”, y ambos podrán alinearse para buscar posibles soluciones. Acumular problemas, molestias y “errores” del otro sin negociar no hace más que acrecentar las dificultades y acumular herramientas para discusiones futuras.

Un buen comienzo será preguntarte a vos misma: ¿Qué hago yo para cambiar?, ¿por qué actúo de esa manera?

Muchas veces hay cierta ambivalencia, entre querer cambiar y no querer hacerlo.

Cuando las cosas no funcionan como esperabas, cuando tu pareja te defrauda, cuando tus sentimientos flaquean, cuando dudás, cuando no amás como creés… debés tomar una decisión. Los errores están, estarán y son inevitables. Los problemas también. Lo importante es reflexionar acerca de eso, y dar todo de vos para lograr la solución. Para esto, es necesario que te animes y tomes decisiones, ante cada paso que debas dar.

Por Ps.Carolina Autino

Licenciada en Psicología

lic.carolina.autino@gmail.com

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