Hay que sentirse bien...

28/02/2015

Vivimos en un mundo donde la moda impone mandatos que se transforman tarde o temprano en el pensamiento colectivo. Parecería ser que tenemos que estar bien.

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Por María José Zorrilla

Hay que ser feliz, hay que ser exitoso, cuando la mayoría de las personas ni nos cuestionamos qué es estar bien, qué significa ser feliz y qué es ser verdaderamente exitoso. ¿Exitoso para quién? ¿Para qué?

Por lo tanto para estar bien, que incluye también la parte física, lucir bien, mostrarse y sentirse joven se recurren a todo tipo de actividades que van desde la gimnasia, pilates, yoga, tai-chi, caminata aeróbica, masajes y millones de variaciones de distintas actividades o deportes saludables y sanos hasta el abuso de las cirugías estéticas. También para sentirnos bien recurrimos al médico, psicólogo, psiquiatra, counselor, coach ontológico, homeópata, médico antroposófico, curandero, reiki, energía, meditación, cartas de tarot, flores de Bach, flores de California, dieta naturista, dieta ayurvédica, acupuntura, medicina china, etc. La oferta de métodos para ayudarnos a sentirnos bien es ilimitada y los libros de autoayuda muchas veces son los más vendidos.

Sin ánimo de ofender a ninguna de estas profesiones, me pregunto si muchas veces esta búsqueda incesante de distintas alternativas no tiene más que ver con la moda o con los efectos del consumismo que nos inunda en esta época. Con distintas variaciones se trata de lograr un bienestar que perseguimos y parece que nunca lo alcanzamos plenamente.

Sería imposible sentirse bien todo el tiempo porque vivimos en un mundo de polaridades.

Para que exista el día tiene que existir la noche, para conocer la alegría debo haber conocido la tristeza, para conocer la luz debo saber qué es la oscuridad. La persona que nace va a morir y aceptar esto es lo más sensato que podemos hacer para vivir una vida plena. No se trata de estar siempre bien, ni siempre felices, contentos y exitosos.

¿Qué es lo que nos está faltando?

Estoy convencida que a pesar de ser la especie más evolucionada porque tenemos la capacidad de pensar y nos comunicamos a través del lenguaje, no sabemos pensar correctamente, no nos enseñan a Pensar con mayúscula, a profundizar, a reflexionar.

Tampoco sabemos comunicarnos bien. Pensamos que la otra persona piensa y razona igual que nosotros y por lo tanto creemos que lo que decimos va a ser recibido por el otro de la misma manera que nosotros lo emitimos. No tenemos en cuenta que cada uno ve la vida desde su marco de referencia, desde sus circunstancias, desde sus percepciones. Por lo tanto: Yo digo lo que digo y el otro escucha lo que escucha.

Aunque sepamos esto, no lo tenemos en cuenta la mayoría de las veces que estamos empeñados en tener razón. Parecería ser que si no tengo razón, yo pierdo y el otro gana.

El acelere de nuestras vidas no nos deja tiempo para una profunda reflexión. ¿Qué es estar bien? ¿Qué significa ser feliz? ¿Quién soy? ¿Qué quiero ser?

Corremos al psicólogo para que nos dé respuestas rápidas a nuestra insatisfacción y si no me gusta lo que me dice cambio de profesional o recurro a alguna terapia alternativa que seguro va a ser más rápida y más efectiva.

La mayoría de las consultas comienzan con la explicación del problema y siempre es “mi esposa, mi esposo, mi ex, mi jefe, mi madre, mi padre, mi hermano, mi amiga, mi trabajo, el país, el gobierno…” La lista de personas que deberían cambiar para que yo pueda ser feliz resulta interminable, tan larga como la lista de profesionales de ayuda a la que puedo recurrir. Nos cuesta aceptar de corazón que a la única persona que podemos cambiar es a nosotros mismos. Estamos llenos de miedo. Vivimos en una cultura donde están instalados los paradigmas del miedo, la escasez y la inseguridad. Si yo gano, tú pierdes. Para enriquecerme tengo que sacarle el dinero a otro. No existe un país, ni siquiera un lugar en el mundo que sea seguro. Parecería que todo se derrumba. ¿Cómo podemos estar bien, ser felices, y sentirnos exitosos con estos paradigmas?

En mi opinión una buena terapia debe trabajar con las creencias, para poder verlas, reflexionar sobre ellas, descartar las que no me sirvan y resignificar las que sí elijo. No creo en las recetas mágicas. No creo que necesitemos a nadie, ningún profesional que me diga lo que tengo que hacer o que piense por mí. Necesitamos aprender a pensar, a elegir con más cuidado lo que es bueno para nosotros. Un buen profesional debería escucharme, enseñarme a pensar y a pensarme, enseñarme a vivir con conciencia. Y saber que lo que es bueno para mí no es la verdad absoluta, no lo es para todos, ni siquiera va a ser bueno para mí toda la vida porque los seres humanos somos seres en proceso, como dijo Carl Rogers, el padre del Counseling, “Somos seres siendo”.

 Así de a poco iré descubriendo mis valores y no me concentraré tanto en estar bien, ser feliz o exitoso. Viviré a conciencia y plenamente el día a día y en el proceso iré descubriendo quién soy. De esta forma, aprenderé a ser el líder de mi propia vida.

Clr. María José Zorrilla

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