¿Marzitis?

24/02/2015

Cambiar de una actividad a otra siempre genera algún grado de movimiento interno y para ciertas estructuras de personalidad esto es más difícil de sobrellevar. Preparate para recibir el mes de Marzo de la mejor manera.

flickr.com/photos/sembrandogirasoles/
flickr.com/photos/sembrandogirasoles/

por Pilar Sordo

Psicóloga, columnista, conferencista y escritora chilena.

Yo me pregunto si mis papás cuando volvían de vacaciones se preguntaban cuando yo era pequeña, si iban a tener un cuadro de estrés post-vacaciones y lo “traumático” que puede ser volver a trabajar o reintegrarse a las tareas cotidianas.

Claramente cambiar de una actividad a otra siempre genera algún grado de movimiento interno y hay ciertas estructuras de personalidad que se ven más averiadas con este tipo de situaciones.

Sin embargo mi reflexión apunta al significado que le damos al trabajo o a la palabra responsabilidad, donde sentimos que volver al trabajo es un  karma, algo sufriente y algo que no es grato enfrentar. ¿Será que la mayoría de las personas trabajan en cosas que no les gustan?

Porque si es así, tendríamos que pensar en cómo estamos armando nuestras vidas y cuáles son nuestras opciones por entender que la felicidad es una decisión cotidiana que implica riesgos y que debo hacer todos los esfuerzos para construirme una vida lo más grata posible.

Si es así, se entiende que todo sea catastrófico al volver a trabajar, donde además se suman las deudas acarreadas desde navidad, también por malas decisiones que nosotros mismos tomamos.

En algún momento yo conté que en un pequeño estudio que había hecho en colegios y universidades en Chile, sobre el por qué los niños y los adolescentes no van contentos a clases, la respuesta es que esto sucede porque nunca han visto irse contentos a sus padres y madres al trabajo y tampoco quedaban excluidas las dueñas de casas en esta forma negativa de ver el quehacer cotidiano.

En esta perspectiva se explica el que la gente este padeciendo de stress post-vacaciones, ya que no nos ponemos contentos de volver a aportar todos los días con nuestros quehaceres, pero que es inevitable enfrentar.

Para hacerlo de buena forma, se supone que nunca debiéramos volver de vacaciones un domingo para partir a trabajar un lunes. Se debiera tener dos o tres días para adaptarse a las funciones cotidianas, lavar la ropa, empezar a levantarse más temprano e ir de a poco tomando responsabilidades.

Si no se hizo así, hay que aceptar que los primeros días estemos con sueño y cansados porque a la estructura mental le cuesta adaptarse a la velocidad de lo cotidiano desde los tacos hasta el sonido del despertador.

Tratemos de mantener algunas de las rutinas mantenidas en las vacaciones. No dejemos de sentarnos en la mesa, de apagar los celulares mientras comemos y de apagar de a ratos el televisor para dar paso a conductas al aire libre, todavía se puede hacer eso.

 Volver al quehacer en la vida, es un privilegio. ¿Cuántos no tienen dónde aportar?, ¿Cuántas mujeres no descansaron casi nada porque se siguieron haciendo cargo de sus casas en verano mientras todos descansaban?, incluso con cierto egoísmo desde los mismos familiares, me refiero a maridos y niños.

Me pregunto cuándo somos felices entonces, los que salen se quejan que se les hacen cortas, y los que no salen, se quejan justamente por no salir, entonces ¿cuándo somos agradecidos?

Yo particularmente he pasado muchos años sin vacaciones y cuando he podido tenerlas las agradezco en cada segundo, y así creo que todos debiéramos agradecer el volver a aportar a este país para que cada vez sea mejor y claramente debiéramos cambiar el concepto de responsabilidad, así nuestros niños no dirán que sus vacaciones son cortas cuando están casi tres meses sin hacer nada.

A trabajar muchachos que es una bendición, ahhhh… ¡y con una sonrisa por favor!

Ps. Pilar Sordo

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