La clase de yoga más importante de mi vida

7/04/2015

Mi primera clase de yoga fue la segunda más importante de mi vida. No sabía bien con qué me iba a encontrar. ¿Luces bajas, incienso, cantos alegóricos, alumnos en túnica, maestros en taparrabos, psicodelia?

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

por Maru Karlen

Profesora de yoga, consultora de empresas, creadora del proyecto Santosha Yoga Uruguay.

Mi autoestima estaba en su peor estado registrado jamás, y fantasías y miedos se combinaban en partes iguales al imaginarme atravesar ese umbral.

Mi segunda clase de yoga fue la primera más importante de mi vida, porque volví. A pesar de que la primera me había resultado difícil, el saludo al sol era una secuencia agotadora y era la única en el salón que no se tocaba los pies.

Ese comienzo marcó una etapa totalmente nueva en la que aprendí a conocerme, a aceptarme y a reconciliarme con el mundo entero. En el camino fui redefiniendo la autoestima, concepto que a veces se usa mal, como todo aquel que se ha convertido en lugar común. Tener claro su significado ha hecho toda la diferencia.

La autoestima nada tiene que ver con ser autosuficiente, orgulloso, vanidoso ni saberse valioso cuando todo va bien.

Hoy la autoestima es para mí:

Perdonarme por mis errores.

Usar el derecho de decir que no.

Usar el derecho de dar el primer paso.

Rodearme de personas que admiro.

No aceptar relaciones que violenten mis valores.

Apreciar la belleza, inteligencia, lucidez y encanto en los demás.

Tener un estilo con el que me identifico más allá de la moda.

Animarme a cambiar de casa, trabajo y amor para estar mejor.

Bailar, cantar o hacer cualquier cosa que disfrute, aunque me salga horrible.

Aceptar las diferencias en los demás sin sentir una amenaza por eso.

Tener mi propio tablero a la hora de medir el éxito.

Elegir con quien compartir el tiempo.

Saber pedir perdón.

Saber perdonar.

Agradecer.

 

Om tat sat,

Maru

Comenta esta noticia

comentarios

Powered by Facebook Comments